ANGEL DE LA MUERTE
"AÑO DEL BICENTENARIO DEL PERÚ: 200 AÑOS DE INDEPENDENCIA"
UNIVERSIDAD PRIVADA DE TACNA
ESCUELA PROFESIONAL DE DERECHO Y CIENCIAS POLÍTICA
TRABAJO:
MONOGRAFIA
ASIGNATURA:
Criminología
ALUMNA:
Thamara Poma Vargas
DOCENTE
Dr. Carlos Alberto Pajuelo
TACNA - PERÚ
2021
INTRODUCCIÓN:
Podemos apreciar que todo comienza con una infancia dura ya que, al ser el tercer intento de su madre está todo hacer una correcta ama de casa brindando lo mejor para su hijo sin percatarse que quizás ese dejaría haría que su hijo no sea una buena persona en el futuro comenzando desde su niñez ya que jamás se impugnó ningún castigo por los crímenes que cometió como no hacer las tareas ni cumplir con sus deberes básicos como hijo el segundo aspecto podemos observar que el menor sufría algún desperfecto emocional, ya que sentía que el afecto de sus padres no era suficiente o el correcto.
Que debería suponer en la tercera conducta que he visto sería el hecho de que no tienen buen desenvolvimiento para expresar sus emociones lo cual nos indica un comportamiento normal y se observa que puede tener una enfermedad mental. lo cual impide o hace que no sea hiperactivo cómo los niños de sedas ,en cuarto, el estar aislado permite que esa persona crea O crees que a su propio entorno según su criterio o lo que crea correcto aprecio Pero esto no impide que quizás al no tener la guía de ningún mayor positiva en su vida hizo que tome el camino que le parece más fácil para sacar dinero y beneficiarse a Costa de los demás pero yo creo que lo mejor que se podría decir que el caso Es la falta de crianza de los padres en la vida de este sujeto.
INICIO Y CRÍMENES:
Los periodistas de la época lo bautizaron "ángel de la muerte" por su aspecto aniñado y su rostro inocente enmarcado por unos rizos dorados similares a los de los óleos del Renacimiento. Pero se trataba del criminal serial más sanguinario de la historia argentina: cometió 36 delitos. Mató a 11 personas a sangre fría -a la mayoría de ellos mientras dormían-, cometió 17 robos y fue cómplice de dos violaciones. Fue detenido y llevado a juicio, y nunca mostró arrepentimiento. Sin dudas, eso es lo que vuelve aun más espeluznante su historia y también lo que lo convirtió en el único preso en el país que cumple una condena efectiva a cadena perpetua desde 1973.
SU INFANCIA:
Carlos Eduardo Robledo Puch, quien descendía de Dionisio Puch, vivía en Francisco Borges 1845, en el barrio de Olivos, Buenos Aires. Llegó al barrio con sus padres cuando tendría diez años. ... Carlos era tímido y callado como su madre, quien lo cuidaba mucho. El padre trabajaba todo el día.
DESENLACE:
SUEÑA QUE VUELVE a ser joven y sale de la cárcel donde vive desde hace 46 años. Robo una motocicleta y cruza todos los semáforos en rojo mientras el viento le despeina la melena. Sueña, una y otra vez (se lo ha contado a su biógrafo, Rodolfo Palacios), que lo liberen y estalle una guerra nuclear. Entonces, Carlos Eduardo Robledo Puch se despierta en la misma celda de siempre. El asesino múltiple más escalofriante de Argentina es el decano de los reclusos de Sierra Chica, una prisión de máxima seguridad a 350 kilómetros al suroeste de la ciudad de Buenos Aires. Apresado a los 20, dice haber confesado bajo tortura los crímenes que le valieron la condena a reclusión perpetua. Y mientras espera una excarcelación denegada varias veces, ya tiene película propia. El ángel, que se estrena en España el miércoles 31, fue coproducida por El Deseo. Representa a Argentina en la carrera hacia el Oscar y recrea la leyenda devoradora de Robledo Puch: la del criminal inesperado, a contramano de cualquier estereotipo. Un chico de clase media, con baby face de serafín, ojos claros y sensibilidad para la música, que en 1971 y a lo largo de 11 meses de fiebre y furia mató a sangre fría, por la espalda o durmiendo, a 11 personas. Lo más probable es que el verdadero Robledo y el que compone el actor debutante Lorenzo Ferro, “salvo la apariencia, no tengan mucho que ver”, como subraya Luis Ortega, director de la cinta. Pero el hecho es que la base de la película es la historia de ese sociópata inescrutable al que la prensa llamó “chacal”, “ángel negro”, “monstruo humano”, “asesino unisex” y “ángel de la muerte”. Un personaje oscuro que se metió tanto en la cultura popular que a los nenes que se portaban mal en aquella época les decían que se los iba a llevar “el hombre de la bolsa o Robledo Puch”.
“Colorado” lo llamaban de manera provocativa los muchachos del barrio, mofándose de sus rizos, su belleza a lo Marilyn, sus maneras casi femeninas y su ropa cara. Hijo único de Aída, una inmigrante alemana, química de oficio que nunca ejerció, y de Víctor, un inspector viajante de la General Motors, Robledo fue un chico difícil. Admitió haber robado por primera vez a los 11 años y estuvo internado en un reformatorio. Los delitos que se le imputan los cometió a los 19.
Al final lo pescaron por un descuido: olvidó en la escena del crimen la cédula de identidad de su última víctima, Héctor Somoza, su cómplice. Tras matar al sereno de la ferretería que querían desvalijar, Robledo asesinó a Somoza por diferencias sobre el reparto del botín y le quemó la cara con el mismo soplete usado para abrir la caja fuerte del negocio. Cuando lo apresaron, horas después, las crónicas registraron una preocupación distinta de la culpa: “Qué va a pensar mi novia cuando se entere”. Hasta ese momento, las fuerzas de seguridad del Gobierno militar de Agustín Lanusse, totalmente desorientadas, especulaban con que los serenos que aparecían acribillados en discotecas, supermercados, joyerías, armerías y casas de repuestos de coches podían ser víctimas de la guerrilla; probablemente montoneros que buscaban recolectar fondos.
Luis Ortega (Buenos Aires, 1980), uno de los cineastas más personales de su generación, cuenta así cómo vivió las ganas de convertir esa historia en película. “Cuando el juez le preguntó por qué los mataba mientras dormían, Robledo contestó: ‘¿Y qué quiere, que los despierte?’. Esa respuesta es suficiente para construir un personaje de ficción”, afirma el director, que ya había ahondado en este tipo de asuntos con Historia de un clan, una miniserie basada en los Puccio, una familia de secuestradores argentinos de clase media alta de los años ochenta [también retratada por el director argentino Pablo Trapero en la película El clan]. “Más que el dinero, el verdadero móvil consistía en tener a un rehén en la casa. Todo funcionaba bien siempre y cuando hubiera alguien secuestrado en el baño o en el sótano. Sin ese rehén se sentían vacíos”, explica Ortega.
El enfoque dramático para componer El ángel es parecido. “Carlitos comienza robando solo, de niño, sin más motivo que el de sentir la vida lo más cerca posible. Cree que Dios lo está observando. Baila y roba para Él, en un estado de gracia absoluta. El botín es saberse vivo. Luego se enamora de Ramón, el personaje que interpreta Chino Darín, inspirado en Jorge Ibáñez, el primer cómplice de Robledo: un ladrón más ortodoxo, que roba por dinero. En ese enamoramiento está implícita la desilusión, el desencanto y la sensación de que Dios lo ha abandonado. Y su conclusión es que si Dios no existe, todo está permitido”.
Hincha fanático del River, Robledo tocaba el piano, estudiaba idiomas e iba a misa los domingos. Carlitos, como le decían sus padres y como lo conocen todavía en la cárcel de Sierra Chica, fue condenado por 36 delitos, que incluyen robos, 2 violaciones y 11 muertes. “Nadie sabe por qué mataba. ‘Su maldad viene de lejos’, me dijo Osvaldo Raffo, un criminólogo que lo examinó 25 veces. Yo me inclino por la idea de un asesino múltiple que mató porque era parte de su vivir sin freno”, cuenta el periodista Rodolfo Palacios, coguionista y autor de El ángel negro, el libro que convenció a Ortega de que en esa historia se escondía una película. “Todo lo que se le cruzaba, más si era de noche, lo eliminaba. Eso parece haberle sucedido a Ibáñez, su amigo y primer cómplice, con quien había hecho el pacto de robar sin dejar nunca testigos. A él —se cree— lo mató chocando el auto en el que ambos viajaban”.
Su caso desorientó a la sociedad. “Robledo Puch desnuda la apetencia arribista de algunos jóvenes cuyos únicos valores son los símbolos del éxito: ‘Un joven de 20 años no puede vivir sin plata y sin coche’, ha dicho el acusado. Él tuvo lo que buscaba: dinero, autos, vértigo; para ello tuvo que matar una y otra vez, entrar en un torbellino que lo envolvió hasta devorarlo. Cuando mató al primer hombre, Robledo Puch ya se había aniquilado a sí mismo”, analizaba el escritor Osvaldo Soriano en el suplemento cultural del periódico La Opinión el 27 de febrero de 1972. Realidad y cine corren por cuerdas paralelas. “Luis encontró una poética en medio del horror. La película construye otro Carlitos: es como si, al matar, el personaje desarrollara una performance, un hecho artístico, un ritual”, matiza por su parte Rodolfo Palacios.
Al actor Lorenzo Ferro, de gran parecido físico con el personaje real, le costó seis meses de entrenamiento prepararse para el papel
El rostro de Robledo en la película es el de Lorenzo Ferro, un veinteañero de sorprendente parecido físico con el asesino en serie. A Ferro le llevó seis meses de entrenamiento diario (clases de piano incluidas) convertirse en Carlitos. Verlo bailar El extraño del pelo largo, cantado por Roque Narvaja, un tema que bien puede tomarse como leitmotiv de la película, provoca un subidón de adrenalina. “Antes de los ensayos entrábamos en calor bailando esa canción e incluso cuando yo llegaba a mi casa la bailaba frente al espejo con unos aros de mi abuela”, recuerda el actor. “El día que filmamos esa escena había mucha gente. Le pedí a Luis que sacara a todos. Nos quedamos solos el cámara y yo. Me trajo un vaso de whisky y de a poco fui abriendo las alas de un bailarín y terminé volando. Esa escena me encanta”, cuenta. La verdad es que debutar como un serial killer no le quitó el sueño: “Tuve suerte”, dice.
Ortega se mete en la cabeza de su protagonista: “Carlitos mata pero le quita significado. Es solo un acto mecánico. Desafía el sentido común, pero también demuestra su ingenuidad en cuanto a las consecuencias”. Para transmitir ese filo infantil y letal necesitaba una cara que no fuera familiar. “Que Lorenzo nunca hubiera pisado una clase de teatro me permitió meter la cuchara en una zona que los actores creen tener resuelta: el hecho de haber perdido la inocencia. Arrancamos desde cero y él entendió algo esencial: la puesta en escena de la vida es algo absurdo, irreal. Carlitos es, a la vez, un personaje influenciado por el cine: actúa como una estrella aun cuando está solo, con cierta autoridad. Eso también lo vuelve singular, esa confianza en sí mismos que transmitían los actores de esa época. La elegancia como una forma de fe, de misterio”.
BIBLIOGRAFÍA:
https://www.infobae.com/2015/08/27/1751237-la-historia-robledo-puch-el-angel-la-muerte/
https://elpais.com/elpais/2018/10/24/eps/1540401952_946426.html
https://videoencontexto.com/2021/07/khan-reacciona-a-historias-innecesarias-robledo-puch-el-angel-de-la-muerte-damian-kuc/
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